La vida secreta y corrupta de Arturo Durazo Moreno, ‘El Negro’
Detalles Publicado el Miercoles 14 de marzo de 2018, Escrito por Dennis Wagner, The Republic | azcentral.com

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Información de: Dennis Wagner, The Republic | azcentral.com

(Parte I de IV)

El jefe de la policía de la Ciudad de México no era un hombre imponente, era de complexión robusta, estatura baja y papada grueda, pero para Mike Rothmiller, quien estaba sentado frente a Arturo Durazo Moreno hace 35 años, la autoridad que éste transmitía era innegable.


Durazo, también conocido como ‘el Negro’, era amigo entrañable del presidente de la República, José Ernesto López Portillo, y uno de los hombres más poderosos de México.


Rothmiller era un simple detective de California quien viajó a México con su compañero Kenny Hamilton a intercambiar información de inteligencia en preparación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984.


EL TRATO


Un ex policía colombiano, quien migró a los Estados Unidos y ahora fungía como informante del Departamento Policiaco de Los Ángeles, fue el responsable de organizar el trato; era un hombre cercano a Durazo. Los detectives llegaron a la reunión con el jefe policiaco, escoltados por un convoy de elementos policiales.


Después de saludarse y presentarse, Durazo acusó a los estadounidenses de ser agentes de la CIA haciéndose pasar por policías. Con apoyo de un traductor, Durazo minimizó el rechazo de los agentes a sus acusaciones y empezó a hablar de cargamentos de armas y contrabando de drogas.


“¿Saben lo que hacemos para la CIA y los contras?” preguntó.


Ese comentario, sin sentido alguno, aún resuena en la memoria de Rothmiller, pues no fue hasta algunos años después que los estadounidenses se enteraron de una campaña secreta de su gobierno, ya en marcha, cuando se llevó a cabo la reunión con Durazo, para armar a un grupo de insurgentes opositores al gobierno izquierdista de Nicaragua.


Sin embargo, en aquel momento los comentarios se interpretaron como una táctica del jefe policiaco mexicano para desviar las negociaciones.


Rothmiller y Hamilton intentaron cambiar la conversación hacia el tema de contraterrorismo. Se reportaba que la organización colombiana Movimiento 19 de Abril podría estar planeando un ataque en los Juegos Olímpicos, y los detectives buscaban la ayuda de México para prevenirlo.


Una vez más, El Negro mostró resistencia y propuso compartir información solo a cambio de acceso a una base de datos de autos robados de los Estados Unidos.


UN PASADO SUCIO


Rothmiller se negó, ya que antes de hacer el viaje hacia el sur había descubierto que el jefe de la policía de la Ciudad de México era corrupto. Durazo había sido acusado siete años antes en Florida de tráfico de cocaína, y para sorpresa del detective, los cargos habían sido borrados del sistema de justicia de los Estados Unidos.


Rothmiller sabía el valor que la base de autos robados tendría para el crimen organizado en México y asentó que un detective jamás podría hacer ese trato, pero no sin temer las consecuencias de su negativa.


Durazo eventualmente abandonó su solicitud, acordó compartir información de grupos terroristas y entregó distintivos a los detectives que los acreditaban como mayores de la policía de la Ciudad de México.


En su retorno a Los Ángeles, Rothmiller no podía sacar las dudas de su cabeza. ¿A qué se debía la sospecha de la CIA? ¿Cómo es que hicieron desaparecer una acusación federal de contrabando de droga? ¿Quién era este tipo?


Rothmiller nunca volvió a ver a Durazo, pero siempre mantuvo la duda.


El Negro se convertiría en el oficial más notorio en la historia de México, un fugitivo de su propio gobierno y el objetivo de una desenfrenada cacería mundial de la FBI para evitar un asesinato presidencial.


Esa historia, hasta hace poco escondida en documentos clasificados del gobierno de los Estados Unidos, se da a conocer parcialmente en el libro “Secrets, Lies and Deception” (Secretos, Mentiras y Engaño) escrito por Rothmiller y recientemente publicado.


Pero ésta es la historia completa, nunca antes contada.


A pesar de que no se pudo corroborar todos los detalles de la versión de Rothmiller, los datos clave si fueron confirmados por reportes de la FBI, notas publicadas en medios, libros, entrevistas y otros documentos de dominio público. Algunos documentos de la FBI citados en este reportaje fueron obtenidos por Virginia Coldwell, historiadora arquitectónica basada en la Ciudad de México e hija de Jack Colwell, uno de los agentes de la FBI que capturaron a Durazo.


EL RELATO DEL INFORMANTE


Rothmiller trabajaba en la División de Inteligencia de Crimen Organizado en el Departamento de Policía de Los Ángeles.


Después de su viaje a México, continuó planeando la seguridad para los Juegos Olímpicos, con el apoyo de dos coroneles de la policía de Durazo y el agente colombiano.


Con el paso del tiempo, los oficiales aseguraron a Rothmiller que Durazo tenía nexos con la CIA e insinuaron que el gobierno de E.U. no solo estaba relacionado con la rebeldía nicaragüense sino que también con narcotraficantes.


A pesar de sus dudas, Rothmiller desarrolló cierto aprecio por el conocimiento y los contactos de su informante.


El agente había sido policía en Bogotá y parecía tener alcance a todas partes. Pero fue muchos años después cuando tuvo acceso a expedientes de la FBI de El Negro, que Rothmiller descubrió qué tan lejos realmente llegaba.


Los documentos hacían repetidas referencias a un informante conocido como ‘Fuente Dos’. El nombre de la persona no fue publicado, pero la identidad era inequívoca: el colombiano.


UN FRENTE PARA OPERACIONES ENCUBIERTAS

FUENTE DOS


Reportes de la FBI indican que Fuente Dos era tan cercano a Durazo que fungió como su asistente cuando El Negro se mudo a Los Ángeles, incluso registró los vehículos del ex jefe de policía en su domicilio en California.


Reportes mencionan que Fuente Dos, un policía de Bogotá, se convirtió en confidente de los políticos más poderosos de Colombia a finales de los años sesenta. Cuando el hijo adulto de un político se vio involucrado en el asesinato de una persona, documentos de la FBI indican que Fuente Dos aceptó asumir la responsabilidad de éste, a cambio de la ayuda del gobierno colombiano para huir a los Estados Unidos y evitar ser detenido.


El Arizona Republic recientemente rastreó a Fuente Dos en su modesto hogar en California, donde el aguerrido y letrado hombre de 82 años de edad, de ojos claros y escasa cabellera, confirmó los reportes de la FBI y pidió no ser identificado por cuestiones de seguridad, mientras tomaba una taza de café en la mesa de su comedor.


Comentó que sus inicios fueron en la policía secreta de Colombia cuando era un adolescente, pero logró escalar los rangos policiales hasta alcanzar una relación cercana al presidente Guillermo Valencia Muñoz.


Hasta que una noche acompañó al hijo de un político importante y a dos mujeres. En el trayecto, Fuente Dos sucumbió ante el sueño en el auto y no despertó hasta escuchar disparos. Por razones desconocidas, su amigo había disparado contra una de las mujeres.


Para evitar un escándalo nacional, Fuente Dos aceptó convertirse en chivo expiatorio. “Era tan estúpido. Desafortunadamente, soy una persona muy leal,” explicó. “Dije, ‘bueno, estaba tomado. Yo lo hice’”.


Fuente Dos se esfumó a Miami, después a Nueva York donde consiguió trabajo en una agencia aduanal, y a principios de los 1970 un oficial del gobierno de Colombia le ofreció 250 mil dólares por su ayuda en un operativo de tráfico de cocaína.


Siempre odió las drogas y a los terroristas, así que aceptó ser el frente de una operación encubierta. Cuando el caso se resolvió, los carteles colombianos ofrecieron una recompensa de 250 mil dólares por su cabeza, indicó. Pero el Departamento de Justicia le otorgó la ciudadanía estadounidense, una nueva identidad y lo colocó junto a su familia bajo el programa de protección de testigos. El gobierno también ayudó a lanzar su carrera como informante.


“Nunca trabajé por dinero”, indicó Fuente Dos. “Soy un oficial del cumplimiento de la ley y no estoy haciendo nada por dinero”.


Trabajó principalmente como agente asalariado para la FBI, con trabajos adicionales para Servicios de Aduana, DEA, IRS, U.S. Marshals Service y seguridad pública local. Su trabajo de iniciativa privada como distribuidor de armadura corporal fue la cubierta perfecta para sus viajes por todo el mundo acumulando información de inteligencia y facilitando acceso a criminales.


Como lo indican los expedientes de la FBI, Fuente Dos fue como una sombra, dirigiendo operativos encubiertos sin ser expuesto públicamente.


Aunque hubo algunas excepciones, pues documentos de la corte muestran que Fuente Dos dirigió un decomiso de 1,500 libras de cocaína para la oficina del alguacil del condado Mohave en Arizona y encarceló a un narcotraficante de peso en Texas.


Fuente Dos dice nunca haber contado las investigaciones o condenas criminales, pero sí haber estado cerca de la muerte. “He estado rodeado de gente muy, muy, muy mala. Muchas veces puesto en situaciones complicadas, pero el Señor me protegió” agregó mientras apuntaba hacia el cielo con su dedo.

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