Ernesto Gastélum González: ‘El mar es mi vida’
Detalles Publicado el Viernes 07 de Septiembre de 2018, Escrito por Nubia Uriarte / El Diario

Puerto Peñasco, Son


Desde hace 22 años es buzo de profesión y por convicción. Originario de Pueblo Mayo llegó a Puerto Peñasco donde se desempeña en este arte de pesca


Para quienes viven lejos del mar, éste representa un espacio para vacacionar y romper la rutina de la ciudad, pero para quienes viven frente a él y de él éste toma un significado diferente.


Para Ernesto Gastélum González, de 40 años de edad, el mar es su vida, el sustento de su familia y también la oportunidad de dejar en la superficie los problemas mientras se sumerge en aguas profundas.


“El mar es mi vida, no es solo una manera de vivir, no es solo una forma de vivir. Mis hijos viven del mar, si no tengo mar, no tengo modo de vida. Además de que es mi distracción, no me veo haciendo otra cosa que no sea el mar. El solo hecho de levantarme y llegar al mar hace que se me olviden muchos problemas, incluso se me quitan dolores y hasta enfermedades. Cuando uno llega al fondo del mar, se desconecta uno de arriba, de la realidad, del aire, está uno inmerso y concentrado en el trabajo”.


Desde hace 22 años es buzo de profesión y por convicción, heredada de su padre y sus tíos; originario de Pueblo Mayo, ubicado entre Obregón y Navojoa, pero traído a Puerto Peñasco desde pequeño, donde aprendió este arte de pesca, con todo y los riesgos que implica.


“La gran mayoría de mis primos trabajamos en algo relacionado al mar, como lo hizo mi padre y mis tíos”.


Acompañado del capitán motorista y de un cabo de vida, a bordo de su embarcación, Ernesto parte por la madrugada rumbo a mar adentro, hasta 40 kilómetros de la orilla y de entre 3 a 35 metros de profundidad, para ir en busca de almeja reina y caracol.


Para antes de que salga el sol, Ernesto desciende con una manguera conectada a un compresor que le permite respirar bajo el agua, aletas y una bolsa para cargar el producto; equipo que cataloga como rudimentario, no el más óptimo, pero sí el que necesita.


“Siete o hasta 12 horas estamos trabajando, por ejemplo en el caso del caracol tenemos que estarlo buscando, se mueve. Puedo estar cuatro o cinco horas para encontrar su ubicación debajo del mar. A diferencia de la almeja blanca, que esa sí está bien localizada”.


“Ahorita estamos sacando como tonelada y media (caracol), pero antes lográbamos sacar hasta tres toneladas”.


Gastélum González señala que esto puede darse debido a un mayor esfuerzo pesquero, aunado a que, por se pesquería nueva, no se le había dado el manejo correcto debido a la falta de estudios de esta especie.


“Buscamos estrategias para cuidar el recurso, este año tuvimos una veda voluntaria de un mes y medio y esperamos que los beneficios de esta veda se reflejen el año entrante en producción”.


Comprometido con el cuidado del mar, el entrevistado en su calidad de buzo participa en estudios y proyectos de conservación de especies, apostándole a la sustentabilidad de la pesca.


“Necesitamos encontrar ese equilibrio, nos podemos quedar sin producto. Buscamos que sea redituable para mí y mis compañeros, pero que también sea viable para el medio ambiente”.


Aunado a ello, el buzo también tiene que sortear los riesgos que conlleva esta actividad.


“No podemos acumular más tiempo de fondo, que es el tiempo que estamos sumergidos, porque de ahí vienen las enfermedades del buceo, como es la descompresión, el barotrauma, entre otras”.


“Son muchos los riesgos del buceo, por ejemplo si yo, por hambre, cansancio o descuido, no hago mis tiempos de desaturación puedo enfermar y sufrir el síndrome de descompresión”.


Ernesto agrega el haber sufrido la pérdida de familiares por esta causa; situación que lamenta y que lo lleva a reforzar las medidas de seguridad para sí y los tripulantes de la embarcación.


“El miedo nunca lo he perdido, seguro que por eso sigo vivo”.


“Cuando voy cayendo voy pendiente de que no me falle nada, la presión, la caída, de llegar parado… desde abajo se escucha el motor de la embarcación, los golpes, … es tanta la precaución que se te agudiza el sentido del oído y del tacto”.


Todos estos conocimientos Ernesto se los trasmite a su hijo, quien a los 16 años ya es buzo certificado, y ha sido cabo de vida y motorista, según ha ido tomando experiencia.


No obstante no le gustaría que su hijo se dedicara solo al buceo, espera que esta actividad refuerce alguna formación universitaria, como biólogo acuicultor, biólogo marino, algo relacionado al mar.


En el mar encuentra el sustento para su familia y en las profundidades, su estilo de vida.

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